Dr Carlos David Pierini | Médico Psicoanalista

Escrito por : In: Deportes 20 oct 2010 Comentarios: 2

Dr Carlos David Pierini

En realidad me encantaba jugar. Era chico y no sabía bien qué era un deporte,

pero sí conocía, como todos los chicos, el placer del juego. Y el jugar para
un niño es un signo de salud física y psíquica.

El juego es para los chicos
desde muy pequeños un complemento fundamental para un desarrollo físico
y emocional adecuado y las bases para lo que después llamaremos actividad física.
Después de cumplir con mis cosas, no dudaba nunca en salir a la calle a jugar
a la pelota con mis amigos del barrio.

En esa época era Floresta, se podía jugar en la calle sin peligros. Los arcos
en veredas contrarias; los postes laterales del arco eran el árbol y la pared y el
travesaño el cielo o la copa de los árboles y, por supuesto que este travesaño
virtual originaba mil discusiones: Goool; que gol ni que gol; se fue alta.
¡Que partidos! Y eso que yo no era muy hábil jugando futbol y sufría un poco
cuando los dos que jugaban mejor elegían entre todos a ver quien iba para
un equipo o el otro; los que jugábamos peor íbamos quedando relegados a la
última elección, casi como si fuéramos una carga que inevitablemente el equipo
tenía que soportar; pero cuando empezaba el juego sentía que tenía que poner
todo de mí para el equipo.

Era muy divertido y doblemente porque competía con el equipo contrario
y competía conmigo mismo en mi afán de mejorar mi juego. Además este
entusiasmo me hacía olvidar el mal momento sufrido durante la elección de
quienes jugaban y quienes no.

Este divertirse jugando y el doble desafío de competir con los contrarios y
conmigo mismo me hizo un apasionado del deporte. Este juego con los demás
y conmigo mismo lo mantuve toda mi vida. Siempre preferí jugar que mirar.
No quiero decir que me disguste ver un partido de futbol, tenis o rugby
pero siempre preferí participar de un juego a la pasividad de mirar.

No me digan que es mejor imaginar que uno es Nadal, Mesi o Contemponi
tirado en un sillón engordando, mientras nuestro corazón traga sedentarismo,
a pegar un revés con top aunque se nos vaya afuera, o patear al arco y con
suerte hacer el gol, o meter un tackle y evitar un try del equipo contrario aunque
nos duelan los huesos por una semana.

¡Y ni hablar del tercer tiempo en el rugby! ¡Inolvidables! Después de matarnos
en el partido fuera en el club que fuese, venía el tercer tiempo y el ansiado
sándwich con coca o el asadito para los clubs mas pudientes, y amistades
nuevas y momentos que después siempre se recuerdan.

Esperaba los partidos con ansias; y nos entrenábamos hasta quedar con
la lengua afuera corriendo por Palermo de noche y después semiagotados
entrar en el campo de G.E.B.A. y empezar a pasar la ovalada y empujar
la amansadora tratando de parecernos a Superman. Y después la ducha
reparadora y un hambre de esos que no se olvidan más y ….a comer
panchos! Uno, dos, tres y el hambre seguía pero la plata se había terminado.
A los 16 o 17 nunca sobra una moneda.

Y bueno, el tiempo fue pasando
y me fui convenciendo cada día más que era indispensable, para una
buena vida, el deporte. Además que debía transmitirles a mis hijos este
fundamental complemento de la vida. Y allí estaba yo jugando con mis hijos
pequeños al tenis o pateando una pelota o tratando de enseñarles cómo
se levanta una pelota en el volley.

Y un día llegó por estas tierras desde
Venezuela,un argentino Profesor de Educación Física y su mujer, que tenía
dotes de atleta. Trajeron el método de Cooper para entrenarse; comenzaba
con un test. Kenneth Cooper publicó un verdadero best seller ” Aerobics”
en 1968 e introdujo un nuevo concepto en el mundo de la actividad física.
Investigó la relación entre el ejercicio, la salud y la longevidad.

Con respecto a la salud en lo que a mi respecta fue un acierto y con respecto
a la longevidad creo que también ya que si no hubiera sido por el “aerobismo”
ó “footing” (hoy running) y los deportes asociados al placer de jugar no creo
que hoy estaría escribiendo esta nota.

No era común ver gente corriendo por Palermo y se burlaban de nosotros;
pero el dicho : el que ríe último ríe mejor se cumplió y hoy es algo
absolutamente común ver correr por todos lados gente que hace running o que
se prepara para competencias de alto rendimiento. Tengo que confesar que
mi risa no es burlona sino de enorme placer al ver como esta actividad se ha
hecho más y más popular.

Por razones de herencia y seguramente otras, tuve desde joven una tendencia
a la hipertensión arterial. Mi mayor defensa, y lo digo con conocimiento de
causa ya que soy médico, ha sido la actividad aeróbica y los deportes en
general. Superaron ampliamente a las necesarias medicaciones. Y corrí y corrí
parecido a Forrest Gump por mil lugares.

Siempre tuve la manía de viajar tan arraigada como el deporte y tengo la
memoria llena de lugares de mi país y del mundo por donde he trotado. Mi
querido Palermo, la costanera, el jardín de Las Tullerias o los campos de Marte
de París, las orillas del Sena o del Tiber en Roma, o el malecón frente al mar
en Lima, o el Central Park en Nueva York o el south bank en Londres o los
tranquilos barrios de Davis un tranquilo pueblito donde vivía mi hijo menor en
California; Allí salíamos de mañana los dos a correr después del gimnasio.

Creo que la salud del deporte y las endorfinas que produce el trotar da fuerzas
para que los deseos, por ejemplo en mí el deseo de viajar, les aseguro, se
facilitan. No digo que sea este el único factor que nos lleve a conquistar una
cierta felicidad, pero sí que es una ayuda de una enorme magnitud.

Además alegra el espíritu y con drogas producidas por nosotros mismos como, vuelvo
a repetir, las endorfinas. No hay remedio mejor si estamos un poco deprimidos
que salir a correr.

Además: que placer cuando nos vemos un poco superiores a los que nos preguntan: ¿ cuanto corristes? ¿15 Kms? ¡Estas loco!,  ¡déjennos con nuestra locura correr por ahí!


Bueno, si quieren, otro día les sigo contando.

Dr. Carlos David Pierini

Médico Psicoanalista

Comentarios: 2

  1. Escrito por Celia 16 dic 2010 at 1:25 Responder

    Me encantaron tus recuerdos y tu prolija y espontánea narración. Me gustaría que me cuentes si tienes un blog. Un beso, Celia

    • Escrito por Edu Gallazzi 20 dic 2010 at 18:19 Responder

      Estimada Celia, ya le paso al Dr. Carlos tus comentarios. Un saludo y gracias por comunicarte con nosotros.
      Eduardo.

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